Don't wake us up when tomorrow arrives, we'd rather be dreamers

martes, 18 de febrero de 2014

"La duda es compañera del miedo"


He oído esa frase ser usada con una connotación negativa, como si la única fuente posible de la duda, del cuestionamiento, fuera el miedo, o como si éste último fuera inherentemente malo. Usualmente es empleada para implicar que esta duda surgida del miedo es simplemente una etapa transitoria sin trascendencia alguna, y que, por medio de una abnegada adhesión a la fe, podremos superarla valientemente y volver a nuestras antiguas creencias con una muy feliz sonrisa en la cara para no volver a cuestionarlas nuevamente hasta que nuestros huesos se degraden bajo la tierra e incluso más allá (porque, recuerden, la duda es miedo, y por lo tanto fútil).

De hecho, no. No creo en absoluto en esa frase peyorativa. Partamos por definir miedo; ¿por qué se le asigna una connotación negativa? Según el diccionario de la RAE, el miedo es:

  1. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.
  2. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

De acuerdo con estas definiciones, ¿por qué es incorrecto sentirse perturbado frente a un daño percibido? ¿No es acaso esta una manera de protegerse frente a dicho daño, de evitarlo o incluso prepararse para superarlo? ¿Por qué no es bien visto que alguien tenga la precaución de sopesar los distintos desenlaces potenciales a una situación en la que está inmerso? ¿Acaso es porque intenta procurar salir bien parado? Parece ser que cualquier nota de egoísmo es intrínsecamente vil y malintencionada, por más que uno quiera meramente asegurarse su bienestar.

Sí, la duda puede surgir del miedo, y es bueno que lo haga para no estar desprotegidos en el caso de que aquel miedo potencial se transforme en algo muy real partiéndonos una botella en la cabeza. Sin embargo, como ya he dejado entrever con anterioridad, me parece una simplificación excesiva, hasta el punto de tornarse lógicamente errónea, el declarar que la causa única de la duda es el miedo. Los disparadores de la duda son tan variados como las identidades de las personas, uno no puede simplemente generalizar y meter en una misma bolsa todos los cuestionamientos habidos y por haber en este mundo, independientemente de a quién le hayan surgido. Digo "cuestionamientos" porque para mí esa es la esencia de la duda; el cuestionar. ¿Y qué otra cosa más representativa de la naturaleza humana existe que esta acción? El hecho de cuestionar nuestras creencias, los valores que nos han sido inculcados y que son reforzados por la sociedad no hace más que demostrar un pensamiento crítico, traslucir que existimos como seres sensibles y pensantes. Es sumamente maravilloso poder reconocer y enarbolar este poder. Es lo que nos permite tener diversidad, discusiones, descubrimientos; lo que nos permite evolucionar y avanzar (aunque a nivel global parece faltar un poco más de pensamiento crítico para considerar todas las posibles variables y no terminar tirando todo al garete por intereses partidarios y económicos). 

La idea de un mundo sin duda me resulta escalofriante. Aterradora. Una existencia libre de dudas, de cuestionamientos, es un detrimento para explorar nuestro interior y descubrirnos a nosotros mismos, para construir nuestra identidad. Cuestionar nuestras creencias previas cuando nos enfrentamos a maneras de pensar hasta entonces desconocidas no significa que seamos endebles, inexcusablemente maleables o manipulables; por el contrario, es una muestra de que poseemos la capacidad para ver más allá de los principios establecidos, de la ética y la moral, y tratar de discernir el por qué de su existir, desgajar los conceptos para poder contemplar su esencia misma y ponderar sobre su significación y la validez que tienen en nuestra vida y en la de aquellos que nos rodean, para terminar adoptando una nueva idea que incorpore o descarte aquellas que nos fuimos encontrando por el camino luego de estudiarlas desde todos los ángulos y chupetearlas un poco para saborearlas (después de todo, ha pasado que uno no está completamente seguro de si una comida le agrada o le resulta vomitiva hasta haber probado un bocado). Una persona sin dudas es un ser alienado, emancipado de su racionalidad y sensibilidad, encarcelado en una visión del mundo que sirve para aliviar el estrés de aquellos que no quieren lidiar con discursos que se opongan a sus intereses. Una persona sin dudas es fácil de controlar porque no va a cuestionar el por qué de las acciones que es alentada a llevar a cabo. Una persona sin dudas es una visión triste, una escucha triste, un pensamiento triste. 

Así que mi consejo es este: dudá, cuestioná, pensá, llegá a una conclusión por vos mismo. No tengas miedo de tener miedo; puede ser lógico y útil para tus propósitos, por más que sean "sólo" en la realidad del autoconocimiento. No seas conformista, sé crítico. No niegues la duda, estudiala. 

Quizás entonces te sea posible encontrar aquel sentido de realización y satisfacción que surge del esclarecimiento.